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Jo Aguirre y su factory

Desde su taller en La Florida, Jo Aguirre -la chica fucsia de la moda venezolana- explica el paso a paso de su diseño:
La primera cita con una clienta, el boceto en manos de patronistas, la tela confeccionada en vestido y la prueba final con el maniquí humano

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¿Cómo se crea un vestido? “Primero, pensándolo”, dice la diseñadora Jo Aguirre, una caraqueña egresada del instituto de moda Brivil y del Art Institute de Fort Lauderdale. Jo Aguirre también es el nombre de su firma, de absoluta vocación femenina, establecida en 2009.

Abstracta como toda energía, la de pensar un vestido se procesa igual que aquellas que mueven los actos de amor y de fe. No se ven, pero tienen la fuerza para concretarse en hechos. “Igual ocurre en el inicio de cualquier prenda”, opina Jo. Energéticamente, nace en la imaginación, pasando por la razón y por los sentimientos de una persona, y trasciende al plano de lo físico, siempre a gusto del solicitante.

/2012/07/15/jo-aguirre-2.jpg /2012/07/15/jo-aguirre-2.jpg /2012/07/15/jo-aguirre-2.jpg /2012/07/15/jo-aguirre-2.j1 “LA CLIENTA LLEGA EL DÍA DE LA CITA y especifica qué diseño quiere y habla de la fiesta donde lo lucirá”, cuenta la creadora, sentada en su sala ejecutiva, desde donde va anotando los detalles demandados: preferencia de color, largo de la pieza y posible modelo. “Analizamos si esas variables se adaptan a su persona. De paso, le muestro opciones de mis colecciones o algunos archivos en mi computadora. Es decir, se produce un intercambio de criterios. Además, le hablo de las tendencias, porque no todas las clientas están enteradas de la actualidad”.
Este encuentro puede durar 30 minutos, siempre y cuando el requerimiento esté claro desde el principio; o si no, horas, dependiendo de las dudas y búsquedas que surjan.

2 LUEGO DE ESE PRIMER ENCUENTRO se trazan los bocetos. “Regularmente, planteo tres posibilidades. En todas dejo ver lo que a mí me gustaría que luciera. Puedo hacerlos en presencia de la solicitante. Hay clientas que, por estar comprometidas con otras actividades, no pueden venir al taller y, en esos casos, les envío las propuestas a través de las plataformas digitales, para así intercambiar opiniones”. Jo Aguirre estima que el boceto constituye un elemento de convicción contundente, porque permite hacer proyecciones y precisar el modelo y color como un conjunto. “No es lo mismo explicar un vestido que verlo”. Es como una vitrina, desde la cual se estimula el gusto de la clienta.

3 UNA VEZ ACEPTADA LA PROPUESTA, se procede a tomar las medidas. La diseñadora advierte los siguientes parámetros: talle delantero, talle trasero, alto de busto, busto, cintura, cadera, cadera alta, entre busto, tórax, sisa, espalda, hombros, cuello, largo de manga, caída de hombros, alto de cadera, de espalda y el largo de la falda. En las anotaciones de esos datos se engrapa una muestra de la tela que se usará y se envían, junto con el boceto, a la siguiente instancia: la patronista, Alicia Salinas. Esta proyecta las medidas a un dibujo trazado a escala humana. Acto seguido, se corta el tual.

4 EL TUAL ES UNA RÉPLICA del vestido, pero en algodón. María Elena Viana es la responsable. Sobre el intento de vestido se producen las modificaciones, a partir de las inquietudes de la clienta. Esta dice si está conforme, si quiere pronunciar algunos detalles o disimular otros. Jo Aguirre explica que el tual está formado por piezas que posteriormente son reutilizadas para ensamblar la galleta.

5 SUERTE DE ESQUELETO DEL VESTIDO, la galleta da origen al corpiño o corsé, que es la base de la pieza. En un sentido comparativo con el cuerpo humano, la galleta representaría los huesos, mientras que la tela sería la piel. “El corpiño es como un yeso y es importante porque es la forma del busto. Lograrlo puede tardar hasta un mes. Si no queda perfecto, el vestido pierde gracia. Una vez probado, ya no tiene que venir la clienta, sino hasta el final”.

6 PARA DETERMINAR POSIBLES ENTALLES, la galleta es probada en un maniquí, sobre el cual se adapta a través de un sistema de ajuste mecánico.  Se gradúa según las proporciones de las mujeres. Dicho en términos optimistas, toda mujer tiene cuerpo de maniquí. La galleta determina la curva del busto y decide la funcionalidad de la pieza.

7 EN ESTE PUNTO de la hechura, el vestido lo toma Nilda Julio, que lo arma en tela. Enseguida monta la pieza en el maniquí, donde se sigue el trabajo. Es diferente verlo ahí que en la mesa, pues la caída de la tela se valora en una perspectiva real. El vestido puede hilvanarse a mano o usando alfileres.

8 ESE COSIDO ARTESANAL se repite, pero en la máquina, y es Marlene Julio la encargada del cometido. Jo Aguirre supervisa cada uno de los pasos. Y, entonces, el vestido está listo para la prueba final. “Por lo regular, funciona. Dejamos un margen de costura por si ocurre un cambio de proporciones”.

nllabanero@eluniversal.com
Twitter: @llabanero

Fuente: estampas


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