El artista de zapatos


En Maracaibo funciona una de las pocas fábricas de zapatos de la región. Es la única donde se confecciona calzado para bailarines

Luis y Freddy García

La historia de la familia García se remonta a su padre, don Luis, quien comenzó con el oficio de zapatero. Una profesión digna y hasta sacrificada, que ha ido perdiendo protagonistas con el pasar de los años y la presencia de la industrialización. Freddy García administra y trabaja en la fábrica de zapatos que lleva el nombre de Luis García.

Casi finalizando la calle 69-A en el sector Santa María de Maracaibo, Freddy junto a la mano avejentada pero aun experta de don Luis, y la ayuda joven pero no menos práctica de su sobrino Richard, han mantenido el oficio de confeccionar calzados. Y más allá de fabricar un simple par de zapatos, esta familia ha dedicado la última década al servicio de la danza, al realizar de manera artesanal calzados para el baile.

De la novedad a la exclusividad

La necesidad imperiosa de encontrar una alternativa rápida, segura y eficaz a la importación de zapatos de flamenco, llevó a una clienta a atreverse a preguntar si era posible copiar el modelo y la firmeza de una pieza traída desde España. “Importar esos zapatos siempre ha resultado muy caro, por esa razón nos preguntaron si podíamos hacerlos y así fue. Actualmente somos los únicos en el Zulia en fabricarlos”, comenta Freddy García.

Historias al pie del baile hay muchas, pero la que más emociona a García (hijo) es la de las pequeñitas que una y otra vez llegan a su taller a probarse sus zapatos de baile y quieren llevárselos puestos de una vez. “Ver esas caritas, primero llenas de alegría por sus primeros zapatos de tacón y luego tristes porque no pueden llevárselos de una vez, es una de las cosas que mas conmueven”, cuenta.

Don Luis tiene ocho hijos, pero solo dos de ellos siguieron sus pasos. Freddy y Carmen María (su morocha), que se independizó del clan familiar y abrió su propia zapatería. Dos hermanas más ayudan eventualmente en el proceso de la elaboración.

De las manos a los pies

Las anécdotas de Los García apuntan siempre en la misma dirección: antes no se trabajaba “así”, refiriéndose a la producción industrializada y mecánica, y mucho menos artística. Nadie llegaba para hacerse zapatos de baile y mucho menos de flamenco.

Antes, todos los zapatos, los de trabajar, los de uso diario, los de fiesta, se mandaban a hacer o se compraban en zapaterías, pero los hacían los zapateros con un proceso casi artesanal.

Los García pasaron por todos los procesos y modas hasta dedicarse a la fabricación de calzado de baile, e incluso para diseñadores de moda. La diferencia entre unos y otros es que el de flamenco debe ser más fuerte, llevar clavos en la punta y el tacón. Pero también hacen zapatos de baile, los que en lugar de llevar clavos usan una planta antiresbalante. También hacen botas para las danzas nacionalistas y musicales.

En Maracaibo no se consigue piel y la poca que se encuentra no sirve para hacer zapatos. La familia trabaja con materiales resistentes, pero sintéticos. La piel se consigue en Rubio (Táchira) o en Valencia, lo que hace más costoso un zapato.

Y aunque los zapatos de baile generalmente conservan unas características constantes, la creatividad no es limitada. Richard, sobrino y nieto de los García, es quien se encarga de “los zapatos locos”, tal como ellos mismos dicen.

De sus manos han salido zapatos y botas de fantasía, como los que encargó una pareja caraqueña: unas botas con una plataforma de madera de 18 centímetros de alto el tacón y la planta de nueve centímetros. O la sandalia de dama talla 55, colgada en la pared del taller, que ha servido para asombrar a más de uno.

Maestro zapatero

A sus 90 años, don Luis García aún trabaja en su fábrica de zapatos. Por el taller se escucha a diario el constante martilleo cuando pega los tacones; su especialidad es esa, y de hecho, es su función en la fábrica, de esta manera se mantiene activo y contribuye con la empresa a la que le dio vida.

Maracucho de pura cepa, toda su vida la ha dedicado al oficio de zapatero. Por sus manos han pasado millares de zapatos deconstruidos a su mínima expresión, para luego ser llevados a lo que finalmente sería un calzado.

Sus arrugadas pero habilidosas manos todavía dan vida a las decenas de zapatos que semanalmente se fabrican en su taller. Don Luis es referencia en Maracaibo para la fabricación de calzado. Es uno de los últimos zapateros activos que queda, junto a sus hijos y su nieto.

“Lo que hace papá, no lo hace nadie. El pega los tacones. Y con la edad que tiene no ha dejado de hacerlo. Se levanta tempranito y comienza a mover a todo el mundo para que se ponga a trabajar. Así se entretiene y se relaja”, dice con orgullo su hijo Freddy.

La sencillez y la humildad se desbordan por los espacios de la fábrica de la familia García. Son gente amable, trabajadora y amistosa que se esfuerza por mantener vivo un oficio necesario


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